Hacedor de estrellas
Todo lo que puedo hacer es anotar, dentro de los límites de mis poderes humanos, algo del tumultuoso desorden que provocó en mi imaginación cósmica aquella rara visión, cuando ya la intolerable lucidez me había cegado, y yo rataba de recordar a tientas lo que había ocurrido. Pues en mi ceguera la visión se me aparecía como un fantásitco reflejo de mí mismo, un eco, un símbolo, un mito, un sueño sin razón, tosco y falso, y sin embargo, comprendía yo, no sin significado. Este pobre mito, esta mera parábola es lo que trataré de narrar aquí, tal como lo recuerdo en mi estado humano. Más no puedo hacer. Pero aún esto no podrá ser cumplido apropiadamente. No una vez sino muchas he escrito una descripción de mi sueño, y luego la he destruido, como totalmente inadecuada. Con una impresión de fracaso total balbucearé aquí sólo unas pocas de sus características más inteligibles. Mi mito reproduce sobre todo muy inadecuadamente una de los aspectos de la visión real.


